Una buena limpieza y desinfección son fundamentales para que las instalaciones estén siempre a punto para su buen uso.

Hay que cuidar mucho el agua de la piscina para evitar que su calidad empeore.

¿Quieren disfrutar de un baño saludable, en unas instalaciones cuidadas y adaptadas a las necesidades de los usuarios? Pues para ello es necesario seguir al pie de la letra estas cuatro recomendaciones que les ayudarán a evitar disgustos innecesarios relacionados con una mala higiene en las instalaciones.

Desinfección del agua

Uno de los problemas más comunes de las zonas de baño es que, a veces, una praxis incorrecta por parte de los responsables de las mismas provoca que el agua se enturbie y comiencen a aparecer algas que impiden el baño y afectan a la conservación de la zona del vaso. Para evitar que la piscina se convierta en el hábitat elegido por cientos de microorganismos, hay que mantener el residual de cloro libre entre 0.5-2.0 ppm, cantidad que permite que el agua tenga un verdadero poder desinfectante. Los expertos insisten en que el ozono es el mejor producto que existe para el tratamiento del agua de la piscina por su poder desinfectante y también oxidante.

Ajuste del pH

Además de la desinfección, el pH es un parámetro de vital importancia para que la piscina esté siempre lista. Solo con los productos desinfectantes no es suficiente, por lo que hay que añadir pH para que el agua esté en perfecto estado y no resulte molesta para los bañistas, tanto en el caso de la piel como de los ojos. El valor ideal del pH debe estar situado siempre entre los 7,2-8 y por eso es importantísimo regular y ajustar el pH cada dos o tres días. Cuando este parámetro no está ajustado, el agua de la piscina se vuelve verde, e incluso existe la posibilidad de que empiecen a aparecer algas y microorganismos y sea necesario añadir más producto desinfectante del normal.

¿Qué condiciones deben cumplir las instalaciones?

Todas las piscinas deben cumplir unas condiciones higiénico-sanitarias y de seguridad en cuanto a las estructuras, materiales de construcción, equipamientos, etc. y deberán mantener unos criterios de calidad del agua de baño y de calidad del aire (en las piscinas cubiertas).

Además del cumplimiento general de las medidas de higiene y prevención establecidas, en el caso de que en las instalaciones se brinde algún tipo de servicio de hostelería y restauración, la prestación del servicio se ajustará a lo previsto en las condiciones para la prestación del servicio en los establecimientos de hostelería y restauración.

Filtro en buen estado

Con un filtro sucio, la calidad del agua empeora y eso obliga a aumentar el consumo de productos químicos, con su consiguiente efecto medioambiental. En general, los especialistas en el cuidado y mantenimiento de piscinas recomiendan un lavado del filtro semanal que permita deshacerse de la suciedad que se haya ido acumulando a lo largo de ese tiempo.

En el caso de los municipios donde el agua es dura, con alto contenido en cal, hay que prevenir su taponado realizando tres o cuatro limpiezas semanales del filtro para eliminar la cal. Si se usan filtros de arena, el mantenimiento debe ser exhaustivo y cambiarse con mayor periodicidad, ciñéndose al fabricante y al tiempo máximo que indica sobre su eficacia.

Limpia y sin algas

En la piscina también pueden aparecer turbiedades y algas que impiden que el vaso se muestre cristalino. Las algas pueden ser consecuencia de una mala limpieza y se ven favorecidas por el calor propio del verano. Para evitar este molesto problema se aconseja utilizar algicidas junto con los desinfectantes.

Los responsables de mantenimiento de las zonas de baño recomiendan para que no aparezcan las algas utilizar entre 0,5 y 1 litro de antialgas por cada 100 metros cúbicos de agua una vez a la semana. Y, sobre todo, distribuir el producto por toda la superficie de la piscina.

Con estas pocas pero imprescindibles recomendaciones, la calidad del agua estará garantizada y podrán disfrutar de un baño muy seguro y con total garantía.